El mar y la literatura chilena

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literatura del mar

Mayo es el mes del mar y es bueno recordar algunas grandes obras de la literatura nacional que han recibido la influencia del mar.

Por siglos, el mar ha inspirado a poetas y novelistas de todos los pueblos. El sonido de las olas, el quehacer de los navegantes o la insondable profundidad de las aguas, han poblado de palabras marinas la literatura universal.

A continuación, un extracto del artículo Escritores de Mar en la Literatura Chilena, de Claudio Solar López, publicado en la Revista Mar Liga Marítima de Chile

Joaquín Edwards Bello (Valparaíso, 1887-1968) escribe una novela sobre las naves de pasajeros con el aliciente de un romance y otra, "La Tragedia del Titanic" para describir el dramático fin de la nave.

Mariano Latorre, (1886), novelista y cuentista, publica una serie de cuentos para describir a los chilenos que navegan o participan en las faenas del mar. Impresionante es el relato de "El Piloto Oyarzo".

Benjamín Subercasseaux, (1902) dedica su libro "Tierra de Océano" a concientizarnos sobre el destino marítimo de Chile. Nos recuerda que nuestra tierra es una especie de isla por su configuración geográfica.

En la novela "Jemmy Button", Suber-casseaux relata que un indígena fueguino fue recogido en la expedición que hizo el capitán Fitz Roy por las tierras australes.

Salvador Reyes (1899-19709) nos dejó varias novelas relacionadas con el mar: "Los Tripulantes de la Noche" (1929); "El Último Pirata" (1930). "Ruta de Sangre" (1936) está ambientada en el tiempo de los piratas que asolaban nuestro país: Cavendish, Drake y Sharck.

Su novela "Piel Nocturna" (1932), que reeditó después con el nombre de "Valparaíso, puerto de Nostalgia" se ambienta en nuestro puerto en los tiempos del Bar Kiel con sus fumadores de pipas y la descripción de "El Bote Salvavidas" con la destacada personalidad de su fundador, el noruego Oluf Christiansen.

En una de sus obras, Reyes toma para sí el lema de "La Hermandad de la Costa": "Vivir no es necesario. Navegar es necesario".

El mismo tema de "El Bote Salvavidas" lo toma Ricardo Valenzuela Gaymer (1905-1975) en "Viento en la Bahía" (1955), describiendo la institución, sus personajes y tareas cumplidas en el salvataje de barcos y tripulantes.

Un nuevo y valioso aporte a los relatos del mar de Chile fue la obra del cuentista y novelista Francisco Coloane. Nació en Quemchi, Chiloé, en 1910 y fue hijo de un capitán de una goleta ballenera, lo que lo movió a inscribirse en la Marina de Guerra. También trabajó en las estancias magallánicas dedicadas a la crianza de ovejas.

Esta experiencia recogida en la ruda vida de tierras y canales australes le permitió escribir "Cabo de Hornos", relatos del mar y su gente. Nos describe la furia oceánica en el lugar donde se enfrentan los océanos Atlántico y Pacífico.

Un éxito de librería, de varias ediciones y buena acogida juvenil tuvo su novela "El Último Grumete de la Baquedano" (1941).

La mayoría de los autores anteriores han sido "escritores de orilla", o sea no tuvieron como profesión actividades en el mar. Por supuesto, se salvan los escritores cuya profesión ha sido la de marinos y, como un complemento, han escrito relatos inspirados en sus experiencias.

Es el caso del Capitán Carlos Bowen (seudónimo Pierre Chili, 1884-1960) que describió dramáticos sucesos reales como un naufragio en donde el comandante del barco, de acuerdo a una noble tradición, prefiere hundirse con su nave antes de abandonarla: el naufragio de "El Pinto" con su capitán Whiteside. Fue autor de cuentos en "Del mar y la costa" (1926); y "Mar y Tierra nuestra" (1935).

Otro autor navegado, ha sido el almirante Alejandro Navarrete Torres, autor de "Batería en Acción", donde se cuentan anécdotas con simpático humor. No falta la nota dramática del relato verídico.

"La Melita Cárcamo", una mujer cocinera de un pesquero que vive humillada por la tripulación. Cuando debe ser trasladada a tierra por una emergencia, la acompaña un guardiamarina respetuoso, que la trata como a una dama. Esto cambia la vida de la joven, la que recobra su dignidad de mujer.

Carlos Martin Fritz, que fuera comandante de submarinos, ha sido autor de varios entretenidos libros de relatos marineros: "Sucedió a bordo" (1988); "Permiso para zarpar", 1992 y "Guardia sin novedad", 1994. Sobresale una graciosa anécdota que aporta la religiosidad del navegante: "La Señora".

 

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